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dilluns, 15 de juny de 2015

Ya están aquí...

Cuando tienes un hijo te cambia la vida, cuantas veces habré escuchado la dichosa frasecita... La cuestión es que si, tenéis razón, la vida te cambia por completo, te da un giro de 180° y ya no es lo que era, tu ya no eres la que eras... no con ello quiero decir que la vida te cambie a peor ni a mejor, simplemente te cambia, con sus cosas buenas pero también con aquellas cosas no tan buenas que normalmente a las mamás expertas se les olvida explicar a las mamas primerizas... Es como una clase de puñeterismo en el colectivo materno...
La cuestión es que todo cambia, y cuando digo todo es todo!
Algunas cosas las aceptas con alegría, otras a regañadientes y otras las aceptas sin más.

Me encanta aceptar no tener nombre, porque cuando tienes un bebé tu nombre propio se convierte en MAMÁ o LA MAMÁ DE...
También me encanta jugar a guerra de cosquillas cada noche antes de ir a dormir. 

El no dormir lo aceptas porque no hay otra, el comer a deshoras y a medias también, las duchas rápidas oyendo quejas des de la otra habitación puedes aceptarlo, incluso puedes aceptar dejar de hacer planes nocturnos con tus amigas porque el peque te necesita para dormir.

Pero por lo que no paso y me niego a aceptar es ir a ver una peli de terror y que para mi se convierta en un drama...

Cuando escuché hace tiempo a una compañera de trabajo decir que la película de terror "Mamá" le había dado mucha pena porque no dejaban estar a la niña con su madre, aunque fuera un espíritu maligno horroroso y con mucha mala leche. Ella decía que era la única madre que había tenido esa niña y que la quería fuera un monstruo o no... No daba crédito... ¿Cómo podía haber sentido pena en vez de miedo? Ahora lo entiendo todo...

La semana pasada mi marido y yo decidimos dejar al peque con sus abuelos y disfrutar de una tarde de cine los dos solitos.

Decidimos ver una peli de terror, ya que en casa solo vemos dibujos y necesitábamos algo fuerte. Estábamos artos de escuchar vocecitas súper happys mientras cantan lo felices que son.... Queríamos pasar miedito del bueno y por eso escogimos el remake de Poltergeist.
Así que súper contentos con nuestras palomitas en mano nos plantamos en la última fila como dos adolescente. 
La peli empezó y con ella el drama... Yo recuerdo ver esa misma película años atrás y darme miedo aunque me la supiera de memoria.. Pero claro, no era madre.
La cuestión es que la niña, como sabéis todos, desaparece porque unos espíritus quieren su luz y blablabla... 
Pues a mi me dio tanta pena ver a esa madre como buscaba a su hija... la busca pero no la encuentra, la oye pero no puede tocarla, la quiere a su lado pero no puede abrazarla... Que sufrimiento!!! 

En la sala todo eran gritos y comentarios de terror... Yo miraba a mi marido y le decía "que pena... No se que haría si fuera mi niño el de la peli..." Ya, lo se, es surrealista, pero para que me entendáis, sufría por esa madre que no tenía a su hija y me despreocupe olímpicamente de los temibles espíritus.

Cuando salí de la sala le dije a mi marido "casi lloro y todo" a lo que él me respondió que me entendía.

El ser padres nos ha cambiado totalmente. Ha cambiado nuestra forma de pensar, de sentir y de ser. Y aceptamos esos cambios aunque hayan algunos que no nos acaben de gustar tanto como otros.

La próxima vez que vaya al cine me aseguraré que en la película no aparezcan niños.



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