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dilluns, 10 de juliol de 2017

Cuando el dolor de un hijo se te hace tuyo

Cuando el dolor de un hijo se te hace tuyo dejas de sentir tus propios dolores para solo sentir el suyo.
A horas de nacido té comunican que ese bebé tan Hermoso y deseado al que creías perfecto está enfermo.
Empiezas a olvidar tus dolores, los puntos de la episotomia, tu cansancio... desaparecen para solo sentir su dolor.
Un dolor mayor al de otros, indescriptible y agonizante que te encoge el pecho.
No quieres hablar con nadie, no quieres llorar, no quieres gritar... y todo ello se agita como un huracán dentro de ti.
Siempre has tenido suerte en esta vida y ahora la vida da un revés. Cogiendo un camino oscuro y desconocido que no pensastes andar nunca.
Esto no me va a pasar a mí, sueles pensar, pero de esos 8 casos de 1000 que hay está tu hijo.
Positivismo te dicen, pero te derrumbas cuando nadie te ve, porque ese 
dolor no es solo de tu hijo, tú no vas a dejar que sufra solo.
Decirlo o no decirlo, que más da, se te nota en la mirada.
El bebé aún es pequeño para entender de médicos y medicaciones. A él parece no importarle, piensas que deberías aprender de él.
Crees que es culpa tuya, que los tuyos lo están sufriendo por tu culpa, y temes que la persona que viaja contigo se de cuenta y te culpabilice también.
Intentas tratar a tu hijo como un niño sano pero no puedes, sabes que está enfermo y siempre tiendes a protegerlo el triple.
Te da miedo salir a la calle, que coja frío, que se le acerquen a verlo y enferme por algún virus...
Estremas medidas de protección y te vuelves paranoica. Al borde de la locura. 
Cuando un hijo nace enfermo tu enfermas con él.




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